domingo, 28 de agosto de 2011

¡No tenías derecho!

¡Tú, Verano! ¡Sí, tú! No te creas que te vas a escapar de mí, oh, no. Yo te persigo a todas partes. Yo soy omnipresente. Y te he encontrado. ¡¡Tú, Verano!!
¿Me explicas qué ha pasado exactamente contigo?

¡No tenías derecho!
Porque es que yo no te di permiso.
¿Qué has hecho? Tú y tus atardeceres que no terminan, las carcajadas con los amigos del colegio (porque nada sienta mejor que verlos cuando no estás en el colegio), las charlas teléfonicas a todas horas y  esa sensación de libertad. ¡Pequeñas olas rompiéndose en tus tobillos, la arena entre los dedos de los pies, el sol que no te deja ver! Dime, ¿adónde te has llevado todo eso? ¿A qué venía eso de llevártelo como si nada?
Verano, te prohíbo que acabes.



martes, 16 de agosto de 2011

Ríamonos del mundo.

(Y que no nos importe lo que pase después.)

Podríamos haber sido cualquier cosa. Podrías haber sido el malo de la película, y yo te haría de risa malvada en la oscuridad. Si tú eras un soñador sin futuro, yo habría sido tu pasado. De ser un loco, yo sería tu demencia.
Pero no. A ti no te bastó con eso. Tú, estúpido niñato con complejo de héroe, te empeñabas en ser tú por ti mismo. En ser tú quien ganara tus victorias y quien llorase con tus derrotas. ¡Qué insolente que fuiste, amigo mío! Un insolente que sólo se centraba en sí mismo, para el cual su mejor amigo era su propia vanidad y que no veía una buena oportunidad cuando la tenía delante.
Por eso mismo, fui yo misma la que se encargó de acabar contigo.
Y, ¿sabes qué?
Me reía mientras tanto.